Cuando
el barro llega a la casa de los artesanos o talleres, lo depositan en el solar,
en ocasiones sobre una plancha de cemento, y lo dejan uno o dos días secando al
sol, durante el proceso de secado se aprovecha para quitar piedras grandes a la
arcilla. Posteriormente se coloca el barro en una tina, se le añade agua y se
bate,
esta mezcla es pasada a través de un cedazo para separar las partes duras y
grandes. Una vez que han sido eliminadas las piedras e impurezas, vuelve a extenderse
el lodo sobre el suelo, al rayo de sol, para que pierda humedad.
Cuando
el barro ha perdido suficiente agua se recoge del suelo enrollándolo sobre sí
mismo, se coloca al interior de la casa y se cubre con hules o costales para
que no pierda humedad, y de esta manera poder trabajarlo conforme se va
necesitando, en este estado, el barro puede ser almacenado durante periodos
relativamente largos, con la consistencia pastosa que adquiere el barro se
procede a amasar para darle mayor plasticidad, se hacen tortillas de barro de
diferentes gruesos, que sirven para elaborar objetos con molde, se aplica una
capa delgada de ceniza al molde con la finalidad de que no se le adhiera.
Con
la mano izquierda se sostiene el molde, y con la derecha se comprime el barro y
se golpea contra él para que se amolde, finalmente, con un trapo húmedo a
manera de alisador, se frota la superficie del objeto para pulirla, al
comprimir el barro contra el molde, parte de esta sobresale por lo que es
necesario recortarla, una vez compactado, alisado y recortado el barro
sobrante, se retira del molde y se coloca sobre un tablón para que seque.
Comentarios
Publicar un comentario